
Adornando (es un decir) las solapas de la carpeta de Iván, un neutrino muy circunspecto, melenudo y socarrón, que tiene unos conocimientos amplios -pero deslabazados- sobre los temas más variopintos, hay una enorme imagen de un esqueleto rockero caricaturizado sobre el que se lee "Eskorbuto".
-¿Tú sabes quienes son "Eskorbuto"?-le pregunté, extrañado de que un neutrino de quince años conociera una banda punk ochentera. -Claro: me he bajado todos los discos con el emule.
-¿Y por qué te gusta esa música? No es de tu época...
-¡Pero son la "caña"! ¡Es la mejor música que he oído en mi vida...
-¿Todavía existe el grupo?
Iván me miró como quien mira a un okapi en el zoo.
-¿Es que usted no oía música en los 80, profesor? ¿No sabe que se murieron dos de los miembros de "Eskorbuto"?
Confeso que no sabía nada de eso. También confieso que no oía música punk en los 80.
-Profesor, usted parece de otro planeta. ¡"Eskorbuto" es lo mejor que ha pasado por la música desde los tiempos de Bach!
"Bueno -pensé-, al menos reconoce que Bach fue una cima en la historia de la música".
-¿Y tú sabes quién era el capitán Cook?
-Pues claro: "Q" es el que fabrica las armas y los coches de 007.
Es cierto, Iván sabe latín.
-No, no me refiero a Q, sino a Cook... El capitán James Cook, uno de los viajeros, aventureros y exploradores más famosos y más importantes...
-¡Ah, sí! -Iván, ante el perplejo y enmudecido auditorio de 3º de ESO, me cortó haciendo alarde de sus conociminentos-. Fue un marinero inglés que viajó a Australia...
Reconozco que me dejó paralizado.
-Muy bien... ¿Y tú cómo sabes eso?
-Porque me gusta mucho leer libros de viajes y de geografía...
Iván está entrando en este mundo de aves raras que son los lectores empedernidos, los curiosos impenitentes... Espero que le vaya bien en su periplo por las procelosas aguas de la letra impresa y le deseo un larga y placentera travesía.
Hace unos años le compré a mi hijo un libro de segunda mano, en la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión, que me llamó la atención por sus ilustraciones (obra de un dibujante italiano muy afamado, Piero Ventura). Se llama "Grandes Viajes" y en él se narran, junto a los preciosos dibujos a vista de pájaro, las epopeyas de Marco Polo, de Colón, de Magallanes, de Livingstone, de Cook... Pasamos buenos ratos, mi hijo y yo, durtante las noches en que le leía este libro, antes de irse a acostar. Gracias a ese libro supe que, en los tres viajes que realizó Cook a lo largo y ancho del mundo ni uno sólo de sus hombres enfermó de escorbuto (una enfermedad que hacía estragos entre los marineros) gracias a que los obligaba a beber zumo de limón y consumir verduras frescas.
-¿Por qué me pregunta lo del capitán Cook, profesor?
-Porque me he acordado de una cosa relacionada con el escorbuto... Les conté la historia de Cook y el escorbuto... No lo puedo remediar: a veces me voy a los cerros de Úbeda pero, afortunadamente para los alumnos y las alumnas, suelo acabar recalando en el puerto de los temarios oficiales...
-El escorbuto es una enfermedad causada por la carencia en la dieta alimenticia de vitamina C. Hoy en día, en el mal llamado "primer mundo", no hay problemas de escorbuto porque todos tomamos suficentes cantidades de frutas y verduras: naranja, limon, fresas, kiwis, patatas, tomates, pimientos...
-¡Agg, qué asco! Los pimientos me dan ganas de gobitar-es Noelia quien hablaba. Tiene un ligero sobrepeso y no se debe, precisamente, al hábito de comer mucha verdura-.¡Donde se ponga un bocadillo de "guarrilla"! -¡Qué dices, tía, si están güenismos fritos con huevo!-respondió el poco delicado Jesús.
-Vale. En cualquier caso, el escorbuto no es una enfermedad muy importante en nuestros días, pero... Imaginaos a esos marineros que debían pasar meses en alta mar, comiendo sólo sopas de pescado, frituras y carnes ahumadas con las que aprovisionaban el barco antes de zarpar... A las pocas semanas ya empezaban a manifesar los primeros síntomas: encías sangrantes, dientes que se caen, heridas que no cicatrizan, hemorragias, dolor de las articulaciones... Y, finamente, la muerte.
-¿Y eso sólo por no comer naranjas?-preguntó Inmaculada, sorprendentemente interesada en el tema.-Sí, eso sólo por la falta de vitamina C. Si hay carencia de vitamina C, no se forma adecuadamente una proteína, el colágeno, que está presente en el tejido conjuntivo...Como me di cuenta de que el tema suscitaba el interés de los alumnos, decidí no perder el tiempo y aprovechar el tirón...-A ver, voy a proponeros una actividad. ¿Por qué no buscáis -en internet o en otros medios- algo relacionado con el escorbuto a lo largo de la Historia? Hay mucha información sobre eso y seguro que encontráis datos curiosos.¡Y vaya si los encontraron!Hugo me habló del médico James Lind, cirujano de la Armada Real Británica que, en 1747, hizo el siguiente experimento. De entre la tripulación del navío HMS Salisbury, escogió algunos marineros a los que cada día suministraba dos naranjas y zumo de limón; a otros les daba zumo de manzana cocida. A los demás marineros no les daba ningún suministro extra de fruta, aunque sí de vinagre, de agua de mar, de nuez moscada... Los primeros, no enfermaron de escorbuto; los segundos tuvieron ligeros síntomas; los demás enfermaron seriamente. Posiblemente Cook conocía la obra de su contemporáneo Lind ("Tratado sobre el escorbuto"). Lo cierto es que gracias a sus estudios, a partir de 1795 fue obligatorio, en todas los navíos de la Armada Británica, llevar suficiente provisión de zumo de limón. (Esa sana costumbre llevó a la victoria a los soldados ingleses cuando, en la batalla de Waterloo, se enfrentaron a los enfermos soldados de las tropas napoleónicas...)

Miguel Ángel me trajo una interesante descripción de los síntomas del escorbuto extraídas de las "Memorias del Señor de Joinville", un historiador francés que acompañó al rey San Luís a Tierra Santa en la séptima Cruzada, en el siglo XIII. El texto, espeluznante, rezaba así:
"...la piel se cubría con manchas negras, mohosas; las encías quedaban en carne viva y nadie escapó de la enfermedad si no era para morir. Si la nariz empezaba a sangrar, la muerte no estaba lejos..."
No menos interesante me pareció el fruto de las pesquisas de Marta. Ella se planteaba por qué no enferman de escorbuto las poblaciones de esquimales que tampoco comen frutas ni verduras frescas. Según pudo comprobar un tal Vilhjalmur Stefansson, aventurero noruego de principios del siglo XX, los inuit obtienen dosis adecuadas de vitamina C consu
miendo carne cruda de foca o pescado, la piel grasa de las belugas o el contenido estomacal parcialmente digerido de los caribúes. (¿Qué habría sido de Noelia si en vez de hacerlo en Valdeganga hubiese nacido en el país de los Inuit?). Siguiendo esa linea de investigación, también se enteró de que algunas poblaciones de masai obtienen su ración de vitamina C consumiendo leche sin cocer y sangre fresca de los cebúes.
Han sido un par de clases entretenidas y formativas... ¿Consumirán mis neutrinos más frutas y verduras y menos hamburguesas y chucherías? No sé, pero como no sólo de pan vive el hombre, seguro que lo aprendido también les habrá servido de alimento... Al menos eso espero...