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martes, febrero 19, 2008

SOBRE EL PODER DE LA LUZ CREPUSCULAR PARA PROMOVER LA FOTOSÍNTESIS

"El Crepúsculo" de Miguel Ángel. Tumbas mediceas. Iglesia de San Lorenzo. Firenze. Italia.

H
ace unos años escribí un relato titulado "Merienda con luz crepuscular". Apareció publicado en una página de cuentos en español (aun se puede visitar, aunque no se actualiza desde 2003). La idea de mi relato era reflexionar sobre la entrada en la "edad crepuscular", es decir, la antesala de la vejez y le di la forma de un diario, escrito en hojas sueltas y ya usadas por la otra cara, por una mujer madura. Puedes leer el relato completo aquí:


Los párrafos en cursiva, esos que explican la fotosíntesis y los destinos de la glucosa obtenida, son en realidad los textos escritos en la otra cara de los folios, la ya usada. Mi idea cuando concebí el relato era que ambos textos (uno subjetivo -el diario- y otro objetivo -los apuntes de biología-) convergiesen al final.

Hace unas semanas, Brunella Saccone, periodista y escritora italiana, directora de la revista literaria "Buràn", me propuso traducir e incluir mi relato en el nuevo número. Mi sorpresa fue mayúscula: ¡ahora resulta que soy un autor traducido! Y de qué manera: el trabajo de Davide Benedetti es muy fino (¡si hasta creo que me gusta más la versión italiana que la original!) .


Os invito a visitar "il sito Buràn": http://www.buran.it/ Sí: está en italiano, pero hay enlaces a las versiones originales de los relatos (algunos en castellano) y a las páginas de los autores. Además, contiene unas fotografías sensacionales...

jueves, noviembre 15, 2007

BELLO ADN



Desde que Watson y Crick descubrieron e hicieron comprensible para el gran público la estructura tridimensional del ADN, son miles las reproducciones que de esta molécula se han hecho con fines artísticos, divulgativos, propagandísticos... El avance de las nuevas tecnologías ha hecho que los modelos sean cada vez mas bellos, perfectos, con una increíble sensación de cercanía y tangibilidad -cuando, en realidad, nada más lejos del alcance de nuestros dedos que una molécula cuyas dimensiones se miden en nanómetros -. Hoy en día, la doble hélice del ADN constituye un icono de la civilización tecnológica y tecnocrática que hemos creado: nacida para ser comprendida, ahora nos comprende a todos...
Señoras y señores, con ustedes...¡La danza del ADN!

lunes, octubre 29, 2007

SOBRE EL STABAT MATER Y LOS CACHALOTES

Estoy leyendo una novelilla cuyo sencillo argumento es, precisamente, uno de sus puntos fuertes. Se llama "Hotel Borg" y la ha escrito un joven italiano, de Cagliari, llamado Nicola Lecca. Entre los varios protagonistas que cruzan sus destinos en la trama destaca un director de orquesta de fama mundial, que inesperadamente, en el punto álgido de su carrera profesional, decide retirarse. Y, como despedida, dará un último concierto en una iglesia de Reikiavic, capital de Islandia. Será un concierto breve, para el que escogerá una obra selecta, los intérpretes mejores del mundo y, como público, una élite minoritaria. La obra: el Stabat Mater de Pergolesi; los intérpretes, una soprano y un niño; el público: 52 personas elegidas en sorteo público ante notario de entre todos los abonados que aparecen en el listín telefónico de la capital islandesa...

Como Internet acerca cualquier rincón del mundo hasta tu casa (restándole un poco de encanto por el camino, todo hay que decirlo), he colocado en el buscador Google "Hotel Borg" y he comprobado que existe relmente; pero como una cosa te lleva a la otra, he pasado un ratillo viendo imágenes de Islandia, la preciosa tierra de hielo y fuego de la que hemos estado hablando en clase de Geología en 1º C. Es la zona de la Tierra más nueva, de creación más reciente: está situada en medio de la dorsal atlántica, el centro de expansión del océano y de creación de litosfera... (He aquí una preciosa y sencilla explicación de la Tectónica de Placas). Y, siempre navegando por la red, encuentro que, en las marinas inmediaciones de Islandia, se pueden ver cachalotes, los animales más grandes del mundo.



Y ahora, para enlazar con el tema de "Lípidos" que estoy explicando en 2º de bachillerato, me acuerdo de que estos colosales cetáceos tienen en la parte delantera de la cabeza un órgano llamado "espermaceti" donde se acumulan gran cantidad de ácidos grasos y ceras. El nombre inglés del cachalote ( sperm whale, es decir, "ballena de esperma", se debe a un antiguo error: el contenido céreo, oleaginoso y blanquecino de este órgano cefálico fue confundido con esperma). El "espermaceti" permite al cachalote sumergirse a profundidades de vértigo (2000 metros, quizás 3000, según sugieren datos indirectos como el estudio del contenido estomacal de animales varados o cazados). Como mis alumnos de bachillerato saben, el punto de fusión de las ceras formadas por alcoholes de cadena larga y ácidos grasos saturados, es relativamente alto y, por tanto, las contenidas en el espermaceti permenecen en estado líquido cuando el animal nada en aguas poco profundas y "cálidas". Pero al sumergirse a grandes profundidades, el descenso de las temperaturas hace que solidifiquen las ceras y que, al hacerlo, aumenten su densidad facilitando la inmersión y el mantenimiento del cuerpo a esas profundidades; por el contrario, cuando asciende, las ceras vuelven a ser líquidas y su densidad menor ayuda a la flotabilidad. ¡Un auténtico submarino biológico, el cachalote!
También parece jugar un papel importante el espermaceti en la capacidad de producción de sonidos de los cachalotes.
Por cierto, el espermaceti, responsable en parte del éxito evolutivo del cachalote y que le ha permitido ocupar un nicho ecológico tan amplio, es también la causa de que ahora esté catalogado como una especie "vulnerable", casi en peligro de extinción: el aceite del espermaceti es muy apreciado en la industria (antaño como combustible para los quinqués y las lucernas de aceite y en la actualidad como ingrediente en ciertos lubricantes industriales y en cosméticos). Una vez más, el Homo destructor...

jueves, octubre 18, 2007

SOBRE EL HONESTO JIM


Cuando era estudiante de Bachillerato, mi profesora de Biología me obligó a leer "La Doble Hélice", de James D. Watson. Ese libro cambió la visión (bastante turbia, por cierto) del futuro que me abría sus puertas y opté por estudiar Ciencias Biológicas en lugar de Medicina, como era mi intención. Fue una opción arriesgada y de poco éxito entre mi familia, que preferían tener entre los suyos a un eminente doctor antes que a un bichólogo. Con la perspectiva de los años, creo que estudiar Biología ha sido uno de los aciertos más grandes de mi vida y por ello siempre estaré agradecido al Dr. Watson (entre otras personas). Pero he oído hablar mucho de la trayectoria profesional del honesto Jim, mote con que él mismo se bautizó y que usan, con bastantes dosis de sorna y un pelín de mala leche, sus colegas y conocidos (el científico Edward Wilson se refiere a él llamándolo "la persona más desagradable que he conocido jamás"). Por ejemplo, honesto fue cuando describió, con una cruel mordacidad, de la que ha hecho gala en otras ocasiones, el agrio carácter, la supuesta incompetencia y la antipatía que le producía Rosalind Franklin, la famosa biofísica sin cuyo trabajos Watson no habría ganado el Premio Nobel. Honesto ha sido toda su vida: siempre ha dicho lo que pensaba, sin morderse la lengua... Y sin pensarlo dos veces.

El último comentario del honesto Jim (en realidad esta tesis ya la había defendido en anteriores ocasiones, aunque ahora haya tenido más eco mediático) es que "los africanos son menos inteligentes que los occidentales". Y, según él, si todos los planteamientos éticos, políticos, económicos... se basan en que esto es falso, los pobres negritos nunca van a levantar cabeza porque siempre van a jugar en inferioridad de condiciones.

Un amigo mío que es matemático y está especializado en Estadística me dijo en una ocasión que si, al encargar un estudio estadístico a una empresa, les dices previamente qué conclusiones quieres obtener, te apañan los datos para que dichas conclusiones sean irrefutables. Puedes demostrar que los caracoles son más veloces que los guepardos, que las hienas tienen el cuello más largo que las jirafas o que las moscas no vuelan tan rápido como las lombrices de tierra... También es fácil demostrar que los negros son menos inteligentes que los blancos (o sea, que la media de sus coeficientes intelectuales es inferior): basta con escoger una población de negros de los suburbios de una ciudad ignota en un país subdesarrollado y compararla con una población de blancos escogidos a la salida de un congreso internacional sobre "Análisis Estocásticos de los Procesos de Inversión". Así cualquiera.

En un reciente viaje a Cerdeña, conocí a un senegalés que vendía ropa, pañuelos de colores y figuritas de cerámica por la playa del Poetto, en Cagliari. El hombre había aprendido a hablar el dialecto sardo en pocas semanas, incluso antes que el italiano: era un modo inteligente de aproximarse a la gente, de ser simpático, de vender más. Mi amigo Glauco se rindió al juego inteligente del senegalés y le compró una camisa y un pantalón estampados con motivos étnicos de vivos colores negros, amarillos y verdes. Ahora que veo las fotos de Glauco vestido de senegalés, durante aquella memorable velada en su casa de Serrenti, con su esposa y sus amigos, mientras cantábamos canciones de De André, Battiato o Pink Floyd, entre vino vernaccia y crema de mirto, pienso con tristeza que el honesto Jim ha perdido una gran oportunidad: la de callarse.

Según mi amigo matemático, también se puede demostrar que los científicos laureados con el Premio Nobel, cuando envejecen, se vuelven unos redomados majaderos: en la población de muestreo, n=1

lunes, junio 04, 2007

Dr. Stanley Miller, in memoriam


Conocí al Dr. Stanley Miller en Valencia, en 1998. "El Hombre del Traje Blanco", tenía el típico aspecto del profesor chiflado, despeinado, con sus inconfundibles gafas "de culo de vaso".
Su conferencia fue absolutamente brillante, elegante (a pesar de los problemas con el audio de la traducción) y, sobre todo, sencilla, simple... Había científicos engolados y altivos que, desde su alto pedestal o cátedra, pensaban que los biólogos de a pie escuchando las palabras de las eminencias éramos como el polvo sobre una carísima cómoda Luís XVI, margaritas ante porcos... Pero llegó el Dr. Miller y habló de moléculas, de ADN y ARN, de aminoácidos y proteínas, con la misma claridad y sencillez con que explica un profesor de bachillerato a sus alumnos, pero sin perder un ápice de su altísimo nivel conceptual. Durante aquella conferencia, Miller fue una mota más de polvo. Comprendí que la raíz de su genialidad era precisamente esa: reducir los problemas complejos a su dimensión más sencilla.
Su experimento, un clásico de la bioquímica evolutiva y del estudio del origen de la vida, consistió en reproducir en laboratorio las condiciones de la tierra primitiva (una atmósfera reductora, un mar somero y caliente, unas tormentas eléctricas...) y comprobar que la materia inorgánica se transformaba en pequeñas moléculas orgánicas, los ladrillos de la vida... Su experimento no produjo gusanos gelatinosos o asquerosos insectos reptantes, pero dejó muy claro que, antes de la vida, los ingredientes para la misma ya estaban en nuestro planeta, no se precisaba la concurrencia de seres extraterrestres o entes divinos. ¿Fue Dios, entonces, el cocinero-bioquímico que se inventó el guiso de la vida? La respuesta, quizás, aquí

Una página web antievolucionista presenta, curiosamente, una bonita presentación sobre el experimento de Miller. Concluyen, pretendiendo restarle importancia, que este hombre sólo consiguió crear una tuerca de la maquinaria de la vida... El argumento, sim embargo, se vuelve contra ellos: si la naturaleza per se puede crear una tuerca, ¿por qué no habría de poder crear el resto de las piezas?

Hoy nos ha dejado Stanley Miller para conocer el secreto de la vida y para volver a ser polvo de estrellas.

Thank you, Mr Miller.


jueves, marzo 01, 2007

SOBRE EL ESCORBUTO


Adornando (es un decir) las solapas de la carpeta de Iván, un neutrino muy circunspecto, melenudo y socarrón, que tiene unos conocimientos amplios -pero deslabazados- sobre los temas más variopintos, hay una enorme imagen de un esqueleto rockero caricaturizado sobre el que se lee "Eskorbuto".
-¿Tú sabes quienes son "Eskorbuto"?-le pregunté, extrañado de que un neutrino de quince años conociera una banda punk ochentera.
-Claro: me he bajado todos los discos con el emule.
-¿Y por qué te gusta esa música? No es de tu época...
-¡Pero son la "caña"! ¡Es la mejor música que he oído en mi vida...
-¿Todavía existe el grupo?
Iván me miró como quien mira a un okapi en el zoo.
-¿Es que usted no oía música en los 80, profesor? ¿No sabe que se murieron dos de los miembros de "Eskorbuto"?
Confeso que no sabía nada de eso. También confieso que no oía música punk en los 80.
-Profesor, usted parece de otro planeta. ¡"Eskorbuto" es lo mejor que ha pasado por la música desde los tiempos de Bach!
"Bueno -pensé-, al menos reconoce que Bach fue una cima en la historia de la música".
-¿Y tú sabes quién era el capitán Cook?
-Pues claro: "Q" es el que fabrica las armas y los coches de 007.
Es cierto, Iván sabe latín.
-No, no me refiero a Q, sino a Cook... El capitán James Cook, uno de los viajeros, aventureros y exploradores más famosos y más importantes...
-¡Ah, sí! -Iván, ante el perplejo y enmudecido auditorio de 3º de ESO, me cortó haciendo alarde de sus conociminentos-. Fue un marinero inglés que viajó a Australia...
Reconozco que me dejó paralizado.
-Muy bien... ¿Y tú cómo sabes eso?
-Porque me gusta mucho leer libros de viajes y de geografía...
Iván está entrando en este mundo de aves raras que son los lectores empedernidos, los curiosos impenitentes... Espero que le vaya bien en su periplo por las procelosas aguas de la letra impresa y le deseo un larga y placentera travesía.
Hace unos años le compré a mi hijo un libro de segunda mano, en la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión, que me llamó la atención por sus ilustraciones (obra de un dibujante italiano muy afamado, Piero Ventura). Se llama "Grandes Viajes" y en él se narran, junto a los preciosos dibujos a vista de pájaro, las epopeyas de Marco Polo, de Colón, de Magallanes, de Livingstone, de Cook... Pasamos buenos ratos, mi hijo y yo, durtante las noches en que le leía este libro, antes de irse a acostar. Gracias a ese libro supe que, en los tres viajes que realizó Cook a lo largo y ancho del mundo ni uno sólo de sus hombres enfermó de escorbuto (una enfermedad que hacía estragos entre los marineros) gracias a que los obligaba a beber zumo de limón y consumir verduras frescas.
-¿Por qué me pregunta lo del capitán Cook, profesor?
-Porque me he acordado de una cosa relacionada con el escorbuto...


Les conté la historia de Cook y el escorbuto... No lo puedo remediar: a veces me voy a los cerros de Úbeda pero, afortunadamente para los alumnos y las alumnas, suelo acabar recalando en el puerto de los temarios oficiales...
-El escorbuto es una enfermedad causada por la carencia en la dieta alimenticia de vitamina C. Hoy en día, en el mal llamado "primer mundo", no hay problemas de escorbuto porque todos tomamos suficentes cantidades de frutas y verduras: naranja, limon, fresas, kiwis, patatas, tomates, pimientos...
-¡Agg, qué asco! Los pimientos me dan ganas de gobitar-es Noelia quien hablaba. Tiene un ligero sobrepeso y no se debe, precisamente, al hábito de comer mucha verdura-.¡Donde se ponga un bocadillo de "guarrilla"!
-¡Qué dices, tía, si están güenismos fritos con huevo!-respondió el poco delicado Jesús.
-Vale. En cualquier caso, el escorbuto no es una enfermedad muy importante en nuestros días, pero... Imaginaos a esos marineros que debían pasar meses en alta mar, comiendo sólo sopas de pescado, frituras y carnes ahumadas con las que aprovisionaban el barco antes de zarpar... A las pocas semanas ya empezaban a manifesar los primeros síntomas: encías sangrantes, dientes que se caen, heridas que no cicatrizan, hemorragias, dolor de las articulaciones... Y, finamente, la muerte.
-¿Y eso sólo por no comer naranjas?-preguntó Inmaculada, sorprendentemente interesada en el tema.

-Sí, eso sólo por la falta de vitamina C. Si hay carencia de vitamina C, no se forma adecuadamente una proteína, el colágeno, que está presente en el tejido conjuntivo...
Como me di cuenta de que el tema suscitaba el interés de los alumnos, decidí no perder el tiempo y aprovechar el tirón...
-A ver, voy a proponeros una actividad. ¿Por qué no buscáis -en internet o en otros medios- algo relacionado con el escorbuto a lo largo de la Historia? Hay mucha información sobre eso y seguro que encontráis datos curiosos.
¡Y vaya si los encontraron!
Hugo me habló del médico James Lind, cirujano de la Armada Real Británica que, en 1747, hizo el siguiente experimento. De entre la tripulación del navío HMS Salisbury, escogió algunos marineros a los que cada día suministraba dos naranjas y zumo de limón; a otros les daba zumo de manzana cocida. A los demás marineros no les daba ningún suministro extra de fruta, aunque sí de vinagre, de agua de mar, de nuez moscada... Los primeros, no enfermaron de escorbuto; los segundos tuvieron ligeros síntomas; los demás enfermaron seriamente. Posiblemente Cook conocía la obra de su contemporáneo Lind ("Tratado sobre el escorbuto"). Lo cierto es que gracias a sus estudios, a partir de 1795 fue obligatorio, en todas los navíos de la Armada Británica, llevar suficiente provisión de zumo de limón. (Esa sana costumbre llevó a la victoria a los soldados ingleses cuando, en la batalla de Waterloo, se enfrentaron a los enfermos soldados de las tropas napoleónicas...)


Miguel Ángel me trajo una interesante descripción de los síntomas del escorbuto extraídas de las "Memorias del Señor de Joinville", un historiador francés que acompañó al rey San Luís a Tierra Santa en la séptima Cruzada, en el siglo XIII. El texto, espeluznante, rezaba así:


"...la piel se cubría con manchas negras, mohosas; las encías quedaban en carne viva y nadie escapó de la enfermedad si no era para morir. Si la nariz empezaba a sangrar, la muerte no estaba lejos..."


No menos interesante me pareció el fruto de las pesquisas de Marta. Ella se planteaba por qué no enferman de escorbuto las poblaciones de esquimales que tampoco comen frutas ni verduras frescas. Según pudo comprobar un tal Vilhjalmur Stefansson, aventurero noruego de principios del siglo XX, los inuit obtienen dosis adecuadas de vitamina C consumiendo carne cruda de foca o pescado, la piel grasa de las belugas o el contenido estomacal parcialmente digerido de los caribúes. (¿Qué habría sido de Noelia si en vez de hacerlo en Valdeganga hubiese nacido en el país de los Inuit?). Siguiendo esa linea de investigación, también se enteró de que algunas poblaciones de masai obtienen su ración de vitamina C consumiendo leche sin cocer y sangre fresca de los cebúes.

Han sido un par de clases entretenidas y formativas... ¿Consumirán mis neutrinos más frutas y verduras y menos hamburguesas y chucherías? No sé, pero como no sólo de pan vive el hombre, seguro que lo aprendido también les habrá servido de alimento... Al menos eso espero...

sábado, octubre 21, 2006

SOBRE ISLAS DESIERTAS

Una antigua alumna, recién licenciada en Biología, con la que chateaba hace un par de semanas, me preguntaba qué libros, precisamente de ciencia, me llevaría a una isla desierta. Le contesté que seguramente lo último que me llevaría a una isla desierta sería una colección de libros de ciencia y que se me ocurrían decenas de cosas que me llevaría antes que eso.
-¿Por ejemplo?
-Pues... un yate, un chalecito, un mercadona... No sé...
La chica tiene el alma llena de proyectos, todos relacionados con las disciplinas que le han ocupado casi todo su tiempo en los últimos cinco años. Como insistía con el tema de los libros, le dije que uno de los que me llevaría sería la novela que estoy leyendo (Hasta que te encuentre, de John Irving): como tiene más de mil páginas, me entretendría durante algún tiempo y, además, no me gustaría acabar mis días sin haber terminado de leerla, aunque estuviese en la isla de Juan Fernández. Bromas aparte, la chica tiene claro que ella es “de ciencias” y le parece extraño que un colega pueda leer algo que no sean ensayos, sesudos estudios en revistas especializadas o, en el peor de los casos y si no hay más remedio, artículos de divulgación científica.

La concepción medieval de que el conocimiento se divide en “artes liberales” –basada a su vez en el libro de las “Disciplinas” del romano Varrón–, agrupadas en el trivium (gramática, dialéctica y retórica: las letras) y el quadrivium (geometría, aritmética, astronomía y música: las ciencias), se mantiene viva en nuestros sistemas educativos, que siguen clasificando (o lo que es peor, obligando a autoclasificarse) a los alumnos en chicos y chicas de ciencias o de letras (ahora está de moda llamar a las letras humanidades,como si las ciencias fueran ajenas al ser humano). Cualquier científico interesado por la historia, la literatura o la filosofía, es rara avis. Pero "raros raros" (léase con acento papito, q.e.p.d.) son los lingüistas o historiadores que se recrean con los juegos matemáticos o se interesan por los procesos bioquímicos en atmósferas reductoras. Pedro Laín Entralgo, medico de formación y humanista pertinaz, abogó por que los científicos cultivaran esa parte “de letras” para ser personas completas. No hay tantas personas “de letras” interesadas por la ciencia… (bueno, está Soledad, la esposa de Luís Cortés, ligüista y bióloga evolucionista…).

Pero mi ex alumna quería una relación de libros de ciencia que yo considerara esenciales. El trabajo de hacer un compendio de tal magnitud, me resulta tedioso y no me apetece (además, como ya he dicho en algún artículo anterior, tengo amigdalitis y un poco de fiebre). Pero sí citaré alguno de los que más me han entretenido, interesado o, al menos, motivado. El trabajo de ordenarlos por autores o temática se lo dejo a ella. ¡Que haga algo!






Evidentemente empezaré por Lynn Margulis. Para cualquier biólogo, esta mujer inagotable es una referencia ineludible. Además escribe en un estilo ameno y… ¡erudito! Algo bastante inusual en la literatura científica. Ella es una de esas científicas humanistas. Algún día os contaré una anécdota que me ocurrió cuando la conocí en Valencia, en un curso de la UIMP, junto a Antonio Lazcano, otro personaje singular.. De su gran producción bibliográfica, recomiendo “Qué es la vida”, “Qué es el sexo”, “Microcosmos” (mi favorito) y “Planeta simbiótico”.
Si pasamos, (¿o debería decir seguimos?), al campo de la divulgación científica, no podemos olvidar al grandísimo Isaac Asimov (otro científico interesado, en este caso, por la Historia). Ha escrito tanto y sobre tantos temas que me resulta difícil elegir algún libro. Pongamos, por ejemplo, las colecciones de artículos “El monstruo subatómico”, “El sol brilla luminoso” o “Los lagartos terribles y otros ensayos científicos”. Abría que añadir también alguna de sus novelas y colecciones de relatos: la larguísima pero fascinante saga de “La Fundación”, “Yo, Robot” o “Cosmos”, “Sombras de antepasados olvidados” o la novela “Contacto”: para disfrutar.
Joel de Rösnay, escribió un delicioso librito titulado “La aventura del ser vivo” (también ha sido editado con el título "Qué es la vida") en el que, de manera muy sencilla y con un estilo rozando el de los cuentos infantiles, explica los complicados procesos metabólicos y la biología celular en general. Un libro que me pareció absolutamente original en su manera de abordar la citología es “La célula viva” del Nobel Christian de Duve: está planteado como un triple viaje al interior de la unidad de los seres vivos, con paradas en cada orgánulo subcelular para estudiar ultraestructuras y funciones. Indispensable.
Como el tiempo en la isla se va a dilatar y dilatar, habrá que llevarse los casi inabarcables volúmenes de Edward O. Wilson , “Sociobiología”, y de Lehninger ““El Origen de las Especies” o “El Viaje de un Naturalista alrededor del Mundo” de Papá Darwin (lean este pequeño artículo de Francisco Umbral... ¡qué joyita!), “La doble hélice” del honesto Jim Watson, “El gen egoísta” y “El relojero ciego” de Richard Dawkins, “El mono desnudo” de Desmond Morris, “El azar y la necesidad” de Monod, “Breve historia del Tiempo” de Stephen Hawking, “El anillo del Rey Salomón” de Konrad Lorenz, “El pulgar del panda” de Stephen J. Gould

La lista sería interminable y quizás otro día la continue... Ahora tengo que recurrir al paracetamol para aliviar mi cefalea...

Sin un Viernes que la acompañe, espero que antes de leer todos los libros, mi querida alumna sea rescatada de tan inhóspito lugar: ¡hay tantas cosas esperándola fuera de esa isla!

jueves, octubre 05, 2006

ANIMACIONES EN FLASH PARA BIOLOGÍA




Esta es una de mis páginas favoritas. La verdad es que el tal John Kyrk se la ha currado, pero que muy bien. Una delicia en inglés, francés y portugués.
http://www.johnkyrk.com