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sábado, febrero 02, 2008

HANA


No sé cómo es posible que, siendo el cine una de mis principales aficiones, no haya en este blog más entradas relacionadas con el séptimo arte. Como nunca es tarde si la dicha es buena e intuyendo que en los días venideros me voy a librar de la tediosa campaña electoral escodiéndome tras una pantalla y algunos libros, voy a comenzar a poblar este espacio de cine...



Anoche vi "Hana", película japonesa del 2006, dirigida por Hirokazu Kore-eda (a quien ya conocimos por la emotiva y preciosa "Nadie sabe").
En este caso, el planteamiento es muy distinto: una comedia amable sobre un samurai cobardica y las relaciones de éste con los habitantes de un barrio humilde de la antigua Edo. Detrás de la fotografía impecable, de los colores brillantes, de la música alegre (¿no suena un poco a música celta?) hay, sin embargo, un rincón para una reflexión: cómo alguien que lo tiene todo para ser feliz, está marcado por un sino que no le deja disfrutar de esa felicidad. Afortunadamente para el espectador, hay un happy end.
Para no perdérsela.

lunes, enero 28, 2008

SOBRE EL PING PONG



A
yer vi una película que me gustó mucho a pesar de que todo a mi alrededor se confabuló para hacer que no me gustase. La vi en DVD, en casa de mis padres, mientras tomaba un café, mis hermanos charlaban, mis hijos jugaban con la Nintendo DS, mi madre me ofrecía unas pastas, mi padre roncaba plácidamente su siesta y mi esposa, con un ojo en el pañito que está bordando a punto de cruz y el otro en el aparato de televisión, no hacía más que repetir "¡qué castañazo de película!".
Y, sin embargo, era una bella película. Se llama "Ping-pong mongol". Las interminables praderas de una Mongolia infinita son el telón de fondo para hacernos reflexionar sobre aspectos como el fin de la inocencia (la de un niño que ha de comenzar sus estudios en el colegio lejano, pero también la de una cultura, francamente en decadencia, que pronto va a ser engullida por el mundo globalizado). La recomiendo: desde la comodidad de tu mundo (con café, galletas, nintendos, ronquidos y pañitos) se puede viajar al confín del planeta... Sólo hace falta la sensibilidad de un buen director de cine y la frescura de unos actores no profesionales.

sábado, septiembre 01, 2007

SOBRE LAS PELÍCULAS DE ROMANOS




Fui con mis hijos a ver "La última legión", la útima película de romanos que se ha estrenado. Siempre me ha gustado el cine histórico en general (y los "peplum" -¿los "pepla"?- en particular) y comprobar cómo las modas del año de producción del film se dejan ver en la estética de los decorados, el atrezzo o el make-up: en mi memoria, imperecederos, Elizabeth Taylor como Cleopatra, Anthony Quinn como Barrabás, Richard Harris como Marco Aurelio, Rex Harrison como Julio II, Sofía Loren como Doña Jimena... A veces los actores secundarios se crecen y hacen actuaciones que enpequeñecen a los protagonistas, y esto siempre es una agradable sorpresa...
Viendo "La última legión", una reflexión me ha despertado: ¿en qué momento el cine renunció a sus pretensiones artísticas y sucumbió a las económicas? Es cierto que el cine siempre ha sido un negocio, pero basado en el buen uso del lenguaje visual, en los argumentos de calidad, en las actuaciones memorables, en la genialidad de los directores, en la maestría de los montadores (en definitiva, en mi modesta opinión, todo eso es el "glamour" y no los trajes de las actrices en la ceremonia de entrega de los Oscars). Pero un buen día, alguien inventó el "todo vale si es rentable" y el cine empezó a morir un poco (aunque, paradójicamente, las películas produzcan ahora más millones de dólares que nunca).
No quiero decir que "La última legión" sea una mala película: es entretenida y está correctamente realizada, pero lejos, muy lejos, de aquellas viejas películas de romanos, incluso las de "clase B", que veíamos en las sesiones dobles del Teatro Circo o en las matinales del Astoria...

Hay aquí un magnifico actor secundario, uno de esos de auténtico lujo, que no está, sin embargo, a la altura de sus capacidades: Ben Kingsley, el recordado doble de Ghandi, el que nos conmovió en "La lista de Schindler", nos puso los pelos de punta en "La muerte y la doncella", el que bordó el papel en la casi desconocida y olvidada "La isla de Pascali". En "La última legión" da pena verlo con ese pelucón infame y esas barbas tan falsas. Quizás se gastaron el presupuesto en efectos digitales y no quedó mucho para el maquillaje. De todas formas, insisto, es una pelicula entretenida, ideal para una tarde de domingo con tus hijos...

Un poco más en serio: he aquí una preciosa recreación digital de la Roma de Adriano. En el proyecto llamado "Roma renacida", la Universidad de Virginia pretende mostrar al mundo cómo era la vida cotidiana en la Ciudad Eterna, en la época en que más habitantes llegó a tener (se dice que más de un millón).