Definitivamente no entiendo qué tienen los pobres insectos para resultar tan antipáticos a la mayoría de las personas, sobre todo a las mujeres.
La cosa ocurrió esta mañana, mientras intentaba explicar en una clase de 1º de bachillerato el papel crucial de los hexápodos en la polinización de la mayoría de plantas fanerógamas.
-Algunas plantas tienen adaptaciones para la polinización por el viento o anemogamia, por ejemplo la producción de enormes cantidades de polen...
-Profesor, yo soy alérgico al polen de cebada.
-¿Sí? Precisamente la cebada y las gramíneas en general, producen grandes cantidades de polen que es dispersado por el viento... Las flores tienen reducidos o ausentes pétalos, muy modificados, y los estigmas de sus pistilos son ligeros y plumosos para impregnarse fácilmente del polen...
Hasta este momento la clase transcurre por sus cauces normales: la mayoría de los alumnos atiende, algunos toman notas y una minoría se pierde en ensoñaciones de cuyo contenido no quiero acordarme...
-Pero el principal vehículo de polinización son unos animales que, si todos desaparecieran de repente, probablemente la humanidad no duraría más allá de unos meses; casi al mismo tiempo se extinguirían la mayoría de anfibios, reptiles, aves y mamíferos. Después seguirían la mayoría de las plantas fanerógamas y, con ellas, la estructura física de la mayoría de bosques y otros hábitats terrestres del planeta. La superficie terrestre se pudriría literalmente. A medida que la vegetación muerta se secara y se amontonara, cerrando los canales de los ciclos de nutrientes, otras formas de vegetación complejas desaparecerían, y con ellas casi todos los vertebrados terrestres. Los hongos, de vida libre, después de gozar de una explosión demográfica de proporciones enormes, reducirían sus poblaciones de forma súbita, y la mayoría de especies perecerían. La tierra emergida volvería aproximadamente a la condición de principios del Paleozoico, cubierta por alfombras de vegetación recumbente polinizada por el viento, salpicada de pequeños árboles y arbustos aquí y allá, en gran parte desprovista de vida animal...
(No lo he dicho exactamente con estas palabras: para este post me he tomado la libertad de tomárselas prestadas a mi admirado Edward O. Wilson, naturalista estadounidense, de su libro "La diversidad de la vida").
-¿Quienes son los humildes animales sobre los que recae la responsabilidad de mantener la vida en la Tierra encargándose sólo de polinizar a las plantas? Pues, claro está, los insectos...
-¡Ahhh, qué ajjjcooo! -rompe la magia de mi explicación sin cortarse un pelo Jenny, una chica timida y siempre atenta a mis explicaciones, que no suele hablar por no pecar.
-¿Qué te ocurre? -pregunto, pensando que su compañero Kikoché, paradigma del eterno repetidor desubicado, le ha pegado un chicle en la lacia melena o que le ha escupido en los apuntes...
-Na... Ej que me dan muchismo ajco los bichos...
-¿Qué bichos? ¿Hay alguno en tu pupitre?
-No, los de las flores esos de los que está usté hablando...
Me ha hecho gracia el comentario y que le diera "ajco" no ya el significado de la palabra, sino el significante, la palabra pronunciada. Después de las risas pertinentes, he continuado explicando de qué "artilugios" ha dotado la evolución a las flores para procurarse el favor de los insectos. Curiosamente, la atención de las féminas ha caído en picado. Mientras por la clase volaban abejas y abejorros con sus corbículas repletas de amarillo polen, las mariposas libaban el sabroso néctar con sus enhiestas espiritrompas, las chinches se daban un baño en el pegajoso polvillo de las malvas y de las jaras, las moscas, los moscardones y los mosquitos zumbaban al goce de las fragancias emanadas por flores verdes, rojas o amarillas... ellas charlaban con las compañeras, rebuscaban en sus mochilas un objeto impreciso, hacían dibujos en las últimas hojas de sus cuadernos...
-Vane, ¿qué estás dibujando en el cuaderno? -le pregunto a una de ellas, rendido (dicen que si no puedes con tu enemigo debes unirte a él).
-Es un dibujo manga -responde ella, como si nada.
-¿Me lo dejas ver?
Una especie de hada con unos ojos enormes, desproporcionados, infinítamente profundos y llenos de chispillas refulgentes, me mira desde el cuaderno. En el fondo de esos cuévanos, como diría Quevedo, intento entender el miedo atávico de la Vane, de la Jeny, de la Lore... Los chicos, sin embargo, prestan atención, preguntan y se interesan por el universo entomológico. Ellos cabalgan sobre los élitros de salvajes coleópteros desbocados, ellas navegan por las tranquilas lágrimas de un hada triste...
¡Y luego dicen que somos iguales!