DISCURSO DE DESPEDIDA DE LOS ALUMNOS
QUE ACABAN SUS ESTUDIOS EN EL INSTITUTO
Todo buen discurso, todo discurso que se precie, ha de comenzar con las mismas dos palabras: “Seré breve”. La mayoría de los discursos suelen acabar con la frase: “Sé que prometí ser breve, así que perdón por no cumplir con mi promesa”. Como he puesto buena voluntad y todo mi afán en que este sea un buen discurso, comenzaré diciendo “seré breve” y prometo que al final no tendré que pedir disculpas. 
Foto de "bluejip" en www.flickr.com
Seré breve.
Como hilo conductor de mi discurso, necesitaba una persona, preferiblemente joven, que emprende un viaje o una aventura. Tenía bastante donde elegir: Darwin embarcando en el “Beagle”, Humboldt conquistando el “Chimborazo”, Cook dando la vuelta al mundo en el “Endeavour”, Shackelton abandonando los restos del “Endurance”, deglutidos por el hielo antártico… Finalmente me he decidido por algo más sencillo, menos épico.
Hace unos ciento cincuenta años, un chico de vuestra edad se escapó de su mundo cotidiano acompañado de su hermano, un poco mayor que él, para conocer el mar. Quizás no veáis en esta aventura nada de especial, pero tened en cuenta que hablo de hace 150 años, cuando el mar estaba casi prohibido para las gentes del interior; además, las playas de entonces no pensaban en Anne Igartiburu porque no tenían Marinas d’Ors sembradas de campos de golf, saunas y spas, no había copas América, las personas no se hacinaban bajo densos bosques de sombrillas, embadurnadas con cremas bronceadoras a base de vitaminas B y E, agentes hidratantes, antioxidantes y revitalizantes que mantienen la piel suave y tersa, no había atascos en las carreteras de acceso ni por las noches perturbaba el sonido susurrante, suave y sosegado del oleaje el zumba zumba zumba del Ibiza mix, aun no se habían inventado los alcaldes y empresarios desaprensivos que se enriquecen destrozando el paisaje litoral, ni en el diccionario aparecía la palabra “chapapote”..., (claro que tampoco había chicas jugando al voley ni vigilantes de la playa, pero este es otro asunto). El mar que buscaba Eliseo, que así se llamaba el muchacho, era un infinito de agua limpia, era un sueño de paraísos ocultos: ciudades de coral pobladas por criaturas de una belleza inimaginable, seres vivos de arquitectura inconcebible, monstruos tan grandes como una isla pero inofensivos como una anchoa. Eliseo llegó al mar en una tarde desapacible, tormentosa. Imagináoslo de pie, él solo, en la playa desierta, con el mundo conocido, cómodo y sencillo, a sus espaldas y una metáfora de la libertad, hecha de agua salada, inmensa e inabarcable, salvaje, feroz, con olas enormes mostrando sus dientes, frente a él. Muchos se habrían acojonado (perdón por la expresión) ante una situación así y habrían desecho sus pasos buscando la seguridad del hogar. Eliseo, sin embargo, en ese momento se hizo adulto: decidió que el resto de su vida lo dedicaría a estudiar el mundo, sus paisajes, sus mares y sus ríos, sus montañas y sus valles. También sus gentes y sus costumbres. Eliseo Reclús, tuvo una vida intensa que vivió con apasionamiento en Alemania, Suiza, Inglaterra, Irlanda, Estados Unidos, varios países de Sudamérica, Bélgica… Se dedicó a la Geografía, en la que veía la ciencia que aúna al ser humano y su historia con el paisaje, y fue uno de los padres del anarquismo (no ese que significa desorden, indisciplina o insolencia, sino un concepto político y filosófico donde el orden nace de la libertad individual).
Os preguntaréis, quizás, a qué viene esta historia si lo que hacemos es despedir el curso y a los alumnos que dejan el Instituto. Todo tiene su porqué…
Durante unos cuantos cursos, coincidiendo con vuestro proceso de maduración biológica e intelectual, los profesores no hemos hecho otra cosa, o al menos eso hemos intentado, que llevaros al mar y poneros, a cada uno por separado, a solas frente a él, como modernos eliseos. Un mar extraño, a primera vista, pues no es de agua, no lo pueblan algas, medusas, pececillos, cangrejos y berberechos… Es un mar heterogéneo donde el sonido de las olas imita la voz de Platón, así es amigo mío: si has hallado para los que van a gobernar un modo de vida mejor que el gobernar, podrás contar con un Estado bien gobernado; un mar de frases bellamente deconstruídas por la magia del análisis gramatical, sintagma nominal, complemento directo, proposición subordinada adverbial de lugar, nexo; en el mar vive un músico sordo que se inventa una sinfonía con coros para celebrar la alegría; hay densos bancos de curiosos peces-palabra que nadan al unísono, at the airport, check, arrivals, cabin, flight number, gate, may I see your ticket please?; lo surca un tren de longitud l y masa por unidad de longitud d que desciende sin impulsarse y sin rozamiento por un plano inclinado constante; contiene palabras muertas que se reúnen formando fragmentos de "La Guerra de las Galias", Interiores frumenta non serunt, sed lacte et carne vivunt pellibusque sunt vestita; oculta materia orgánica fermentada formando el "compost" que se usará para abonar suelos, alimentar ganado, construir carreteras, obtener combustibles; sobresalen como boyas capiteles dóricos, sencillos y prácticos, jónicos, con sus volutas tan griegas, y corintios, con las complicadas hojas de acanto; hay 20 ml. de cloruro de bario 0’1 M mezclándose con 30 ml de cromato de potasio 0’2 M y una primitiva imprenta de Maguncia haciendo copias de la Biblia; allá hay un señor llamado Pascual Duarte que le pega un tiro a su perro y acá moléculas de ADN que se replican, se transcriben y se traducen en proteínas; flota a la deriva la integral de equis más uno partido por equis al cubo menos dos equis más tres diferencial de equis; una botella de náufrago contiene el plano de una ciudad en la que se han señalado la periferia, las zonas periurbanas y los ejes de expansión; hay un rey griego arrancándose los ojos con un broche metálico porque ha descubierto que su esposa es en realidad su madre; en una hoja de papel que el viento quiere arrebatarle a las olas hay un sencillo dibujo, una interpretación surrealista, sólo con colores cálidos, del cuadro Las memorias de un santo, de Rene Magritte; en el bentos profundo se ha instalado una empresa que transforma 215 Kg. de materia prima cuyo precio es de 1’2 euros el Kg., en 537 unidades diarias de un producto que vende a 9’6 euros cada una, y donde trabajan 8 personas que cobran 47 euros; viaja hacia el este una corriente formada por la reflexión sobre el Regeneracionismo durante los gobiernos de Antonio Maura (1.907-1.909) y de José Canalejas (1.909-1.912); la pleamar proyecta en la arena una escena a cámara lenta de “Matrix Revolution”…
No continúo describiéndolo por falta de tiempo y porque he prometido ser breve, pero… ¡qué grande, qué bello, qué atractivo es el mar que os hemos mostrado! Ahora es vuestro momento, adelante, conquistadlo, reducidlo a vuestra propia dimensión, no olvidéis nada de él y, sobre todo, no sintáis nostalgia del pasado... El pasado es una quimera, una trampa, no existe: navegad por este mar siempre adelante, resistid la tentación del regreso. Como cantó Luís Cernuda
Sigue, sigue adelante y no regreses,
Fiel hasta el fin del camino y tu vida,
No eches de menos un destino más fácil,
Tus pies sobre la tierra antes no hollada,
Tus ojos frente a lo antes nunca visto
La historia de Eliseo Reclús tiene un extraño y curioso final. Tras su muerte, la mayor parte de sus cuadernos manuscritos, de sus mapas anotados, de sus esquemas y dibujos, de sus notas de campo, de las primeras ediciones de sus libros, de su biblioteca particular (¡más de 40.000 volúmenes!) y cantidad de grabados, fueron depositados en la biblioteca de la Universidad Nueva de Bruselas; esta biblioteca desapareció tras la Primera Guerra Mundial y el extenso legado de Eliseo Reclús fue adquirido por un mecenas japonés, el señor Ishimoto, con el fin de fundar un Instituto de Estudios Geográficos en Tokio. Todo este material llegó al puerto de Yokohama el 1 de septiembre de 1923: el mismo día que un terrible terremoto destruyó la ciudad portuaria… El fuego, el agua, el caos y la desesperación se llevaron consigo, sin dejar rastro, la obra de Eliseo Reclús, el trabajo de toda una vida: lo que comenzó frente al mar, frente al mar sucumbió...
Pero su chispa, su inquietud, su voluntad, la misma que lo impulsó en aquel viaje iniciático junto a su hermano Elías, flota aun en el ambiente, en los lugares que fueron testigos de su vida, en sus libros. Y es la misma chispa que os puede ayudar a vosotros, aventureros audaces e intrépidos, a conquistar el mundo, a ser personas y a ejercer como tales. Aprovechad el tiempo que se acerca, disfrutad con los estudios, con los amigos que conoceréis, con las personas con quienes decidáis compartir la vida (estaré encantado si me invitáis a vuestras bodas), con los trabajos: el futuro es vuestro (y también la responsabilidad ética de hacerlo mejor que el presente).
Ahora que habéis terminado vuestros estudios en el Instituto, ahora que estamos juntos frente al mar, ya no somos profesores y alumnos sino compañeros de viaje. Y por mi parte, y creo que hablo en nombre de todos los profesores, estoy orgulloso de viajar con unos compañeros como vosotros.
(He conseguido no hablar de Ítaca)