
Cada vez que veo por los pasillos del Instituto a Águeda, me da un pequeño vuelco el corazón. Fue alumna mía el curso pasado, en 3º de ESO. Ahora estudia 4º, pero tiene "pendiente" las Ciencias Naturales.
Águeda era buena estudiante en todas las asignaturas, menos en la mía. Siempre me sorprendía cuando el profesor de Matemáticas o el de Lengua me decían que Águeda había sacado un 8 ó un 9 en sus asignaturas...
En Biología y Geología nunca pasaba de un 2. Un día le pregunté, en un aparte, cuál era su problema con mi asignatura y me respondió que no le gustaba nada, que la odiaba y que no pensaba estudiarla jamás. Me apenó su actitud y su inútil rebeldía. Ahora, cada vez que nos cruzamos por los pasillos, vuelve la cara para evitar el saludo... Pero yo soy mas tozudo que ella y le lanzo un sonoro "Hola Águeda, ¿qué tal estás?". Ella, a veces, responde un escueto "Bien", pero casi siempre se hace la despistada. Qué pena. En mi clase de 4º, tengo un alumno con el problema contrario: José Manuel quiere aprender, pero sus carencias, acumuladas curso tras curso, son un handicap insalvable...
-¡Cómo me ralla esta asignatura, profesor! Me gusta mucho, me entero y me lo paso bien en clase... Pero luego, en casa, no me entra. Por más que estudio, no me entero.
Y debe ser verdad, porque sus exámenes son un batiburrillo inconexo de ideas poco y mal aprendidas.
Esta mañana he parado a Águeda por el pasillo:
-¿Por que no has presentado los trabajos para recuperar la Biología y Geología de 3º?
-Porque no pienso estudiar esa asignatura. Ya lo dije el curso pasado: aprobaré todas las de 4º y ésta me la van a aprobar por el morro.
-Tal vez sea como tú dices, Águeda, pero... ¡Intenta estudiarla! A lo mejor te llevas una sorpresa y descubres que te gusta... Además, la vida da muchas vueltas... Nunca se sabe qué te espera a la vuelta de la esquina...
-¡Y un pijo!¡Esta asignatura no la estudio porque no me da la gana y punto!
Águeda, terca como una mula, se ha cerrado en banda. En cuanto he llegado a casa he empezado a componer el borrador de este artículo: lo que no me deja decirle de viva voz, quizás le llegue a través de la palabra escrita.
El final del 2º curso de Biológicas, allá por 1983, se me hizo muy cuesta arriba, especialmente en una asignatura: "Citología e Histología". Ésta constaba de tres parciales: "Citología" (obtuve un sobresaliente en el examen correspondiente), "Histología Animal" (que aprobé con un notable) e "Histología Vegetal". Para preparar este último parcial sólo tuvimos un par de semanas, pero la profesora no quiso recortar ni una coma del temario: inesperadamente nos vimos sorprendidos con un examen de dimensiones ciclópeas, que se juntó con los finales de Bioquímica, Bioestadística y Genética... Por si esto no fuese suficiente para acabar con la moral de cualquier estudiante universitario, por aquellos días también sufrí los envites (o más bien las embestidas) de Cupido.
Unos malos apuntes, un trabajo excesivo, calor sofocante, amores y desamores, desánimo y abatimiento... Suspendí el examen de Histología Vegetal, claro está... Afortunadamente, en septiembre sólo tendríamos que presentarnos a ese último parcial, pues se nos guardaba la nota de los otros dos.
Los temas que preparé durante el verano eran dignos de mostrarse en un museo: creo que en ninguna asignatura del resto de mi carrera he vuelto a hacer unos esquemas tan perfectos, ni a dibujar tan meticulosamente, ni a consultar tanta bibliografía... ¡Sabía más sobre Histología Vegetal que muchos profesores adjuntos, sin duda! Y descubrí que era una asigatura maravillosa. El único sinsabor era que, en la perspectiva del estudiante universitario que entonces era, una buena nota en septiembre vale lo mismo que una nota mediocre en junio. Pero me equivocaba.
Me presenté a las Oposiciones para Profesores Agragados de Bachillerato, en el verano de 1988, en Madrid. Concha, una compañera del IES "Andrés de Vandelvira", donde yo había trabajado como profesor interino ese curso, me dejó las llaves de su casa de la calle Guzmán el Bueno y allí me alojé durante el sofocante mes de julio. La casa de Concha era una biblioteca de Biología y de Geología donde, además, se podía dormir. ¡Dios mío, cuántos libros pueden caber en un espacio tan reducido! El día anterior al examen, me entretuve en hojear algunos de ellos: casualmente di con uno sobre Histología Vegetal, ilustrado con unos preciosos dibujos a plumilla y tinta... Me entretuve copiando muchos de esos dibujos: no quedarían mal en el despacho de mi casa, enmarcados...
Al día siguiente, ya en el examen de las Oposiciones, ¿adivinan cuál era uno de los tres temas elegidos en el sorteo? ¡Histología Vegetal! Desde lo más interior de mi ser brotó un enérgico e irreprimible "¡¡Bien!!" que hizo sonreir a los miembros del tribunal... No era mi tema favorito (hubiese preferido mil veces que saliese el tema "Moluscos") pero entendí que con la Histología Vegetal me luciría más. Así fue: mientras escribía folios y folios, hacía unos dibujos memorables y, en definitiva, bordaba el tema supe que estaba saldando mi deuda con esta disciplina. Aprobé, claro. La Histología Vegetal fue para mí como el vino del Lazarillo de Tormes: lo que me enfermó, también me sanó y me dio salud...
José Manuel, Águeda: estudiad, jamás será tarde para adquirir papeletas de esta tómbola vital que nunca cierra.
Para la presentación (side) he tomado imágenes de una página EXCELENTE, (Unidad de Biología Celular de la Universidad de Girona: creo que es insuperable: ¡Ojalá hubiera habido algo así cuando yo estudiaba!).
Podéis cosultarla aquí.